Primeros auxilios (Reto 4)

A continuación, os voy a contar la historia de un trabajador que tuvo que prestar auxilio a varios de sus compañeros aplicando las técnicas correspondientes tras sufrir un grave accidente en su trabajo y que he titulado:

LA SEGURIDAD EN EL TRABAJO – UNA serie DE catastróficas desdichas

Había una vez una central hidroeléctrica que fue reconocida por muchos años como una de las mejores en su sector. En ella trabajaba Joaquín Sánchez, un humilde técnico de mantenimiento que llevaba desempeñando sus labores durante casi 10 años en la empresa y, durante todo ese tiempo, nunca había habido ningún percance a destacar gracias al buen desempeño de sus trabajadores, entre ellos Joaquín.

Una mañana, Joaquín y varios de sus compañeros se encontraban realizando unos trabajos de revisión del sistema de prevención de incendios de la instalación, nada nuevo ya que era algo que siempre realizaban cada cierto tiempo para comprobar que todo funcionaba correctamente. Pero, para ello, se realizó la parada técnica de la central hidroeléctrica y se mandó a casa al resto de los trabajadores mientras duraran los trabajos de mantenimiento.

A media mañana, los técnicos de mantenimiento pararon para desayunar y Joaquín junto a Julio, compañero de profesión y uno de sus mejores amigos en la empresa, decidieron ir durante su periodo de descanso a una cafetería cercana a la central a la que iban casi todos los días a desayunar, el resto decidió quedarse así que se despidieron de ellos hasta más tarde y salieron de la central. Apenas se habían alejado unos 300 metros de la central cuando, de pronto, Julio y Joaquín empezaron a sentir extrañas vibraciones en el suelo y al girarse para ver qué estaba pasando, en ese momento ocurrió lo peor que pudieran haber imaginado. Una enorme y terrible explosión tuvo lugar en la central la cual provocó una gigantesca nube de humo y fuego que salía de la central y se podía ver a kilómetros de distancia, así como una gran onda expansiva que arrasó todo lo que había a su alrededor y que durante unos segundos parecía un terremoto con todas las letras. Algunas personas pudieron captar el momento en vídeo:

Y la pregunta es: ¿Qué pasó con nuestro protagonista Joaquín y su amigo Julio?

Afortunadamente y al ver que extrañamente estaba vibrando el suelo, se pusieron a salvo rápidamente justo instantes antes de que tuviera lugar la explosión. Tras unos minutos intentando recuperarse de lo que había pasado y asimilar la situación, Joaquín y Julio se dirigieron corriendo de vuelta a la central para ver qué había sucedido con sus compañeros que habían quedado en la central y cómo se encontraban.

Cuando llegaron a la central, Joaquín y Julio se encontraron todo en ruinas y destrozado, con algunas zonas todavía ardiendo levemente producto de la expresión y a la espera de que los bomberos pudieran apagarlos. Joaquín y Julio se temían lo peor por su compañeros y que no pudiera haber habido supervivientes. Entre lágrimas por los nervios y el miedo de la situación, se dirigieron a la zona donde se habían estado realizando los trabajos de revisión pero sólo se encontraron ruinas y pedruscos pero… en ese momento, de repente, Julio y Joaquín se percataron que algo se movía debajo de las paredes destrozadas:

¡ERAN SUS COMPAÑEROOOOOOS!

Rápidamente, se apresuraron a sacarlos uno a uno de debajo de los escombros. Milagrosamente, la explosión no había tenido lugar justo donde los compañeros se encontraban en ese momento y, de alguna manera, pudieron revertir y protegerse como pudieron de la explosión y sus efectos más graves.

Sin embargo y, a pesar de ello, los compañeros resultaron bastante heridos con daños de diferente índole y algunos de ellos quedaron inconscientes como consecuencia de la explosión ya que no respondían a las preguntas ni a los estímulos sacudiéndoles los hombros que les hacían. Tras gritar pidiendo ayuda, en ese momento y procurando estar lo más tranquilos posibles, Joaquín y Julio, no perdieron ni un segundo y, recordando el PROTOCOLO DE ACTUACIÓN a seguir y las TÉCNICAS DE PRIMEROS AUXILIOS que aprendieron durante la formación que su empresa les proporcionó en Prevención de Riesgos Laborales, se apresuraron a asistir a sus compañeros.

Tras haber examinado previamente el lugar cuando llegaron para asegurarse que no había peligro, analizaron qué compañeros se encontraban más gravemente para atenderles por orden de preferencia. Tras haberlos rescatado de los escombros, los colocaron de forma que no se movieran para chequearlos y comprobar quiénes exactamente se encontraban inconscientes y si podían respirar y tener pulso o si alguno presentaba alguna fractura o sangrado.

Julio y Joaquín intentaron mantener calientes a los compañeros arropándolos con unas mantas que tenían en una habitación para que no perdieran temperatura así como tratar de tranquilizar a los que habían podido permanecer conscientes animándolos como podían hasta que llegaran los servicios médicos tras haber llamado al 112 indicando los datos del accidente, ya que la situación era muy difícil y ellos no eran expertos pero trataban con todas sus fuerzas de aplicar lo mejor posible el MÉTODO P.A.S. (PROTEGER/AVISAR/SOCORRER) para mantener a los compañeros con vida e impedir que se agravara su situación.

A los compañeros que habían quedado inconscientes, Joaquín y Julio trataron de mantenerles las vías aéreas abiertas para que pudieran respirar. Para ello, los tumbaron boca-arriba sobre una superficie dura y plana manteniendo el cuerpo recto y los brazos estirados, aguantándoles la cabeza por la frente y elevándoles la barbilla empujando el mentón con dos dedos.

Para comprobar la respiración miraron si el tórax se elevaba y se acercaban la mejilla a la boca en cada persona para comprobar si se notaba el aliento y escuchando si respiraban (haciéndolo durante no más de diez segundos). Hecho todo esto, comprobaron que afortunadamente casi todos los compañeros respiraban y, entonces, prosiguieron a colocarlos en la Posición Lateral de Seguridad para evitar que se atragantaran o pudieran tragarse su propio vómito.

Para hacerlo, Joaquín y Julio les estiraron las piernas y les pusieron el brazo más próximo en ángulo recto con el cuerpo, doblándoles el codo y colocando en cada caso la palma de la mano mirando hacia arriba, así como poniéndoles el dorso de la otra mano en la mejilla contraria y manteniéndoles esa posición. Con la mano que les quedaba libre, Joaquín y Julio cogieron en cada individuo la rodilla de la pierna más alejada y la levantaron hasta apoyar toda la planta del pie en el suelo. Manteniéndoles la posición, les estiraban la pierna por encima de la otra girando todo el cuerpo hasta quedar de lado. Además, flexionaban la pierna doblada en ángulo recto para impedir que los cuerpos de los compañeros se desplazaran rodando y, por supuesto, continuaban manteniéndoles las vías respiratorias abiertas inclinándoles la cabeza hacia atrás y manteniéndoselas así con la mano que hay debajo de la mejilla. Joaquín y Julio vigilaban si los compañeros se quedaban en esta posición durante más de media hora para, en tal caso, girarlos sobre sus espaldas para colocarlos sobre el lado opuesto.

Por desgracia, había un par de compañeros que no conseguían respirar con normalidad así que mientras Joaquín se quedaba con ellos, Julio volvió a comunicarse con el 112 para informarles de los compañeros inconscientes que no respiraban. Por su parte, Joaquín comenzó con la reanimación para mantener en activo tanto la respiración como la circulación de la sangre. Para llevar a cabo la reanimación cardio-pulmonar, Joaquín empezó realizando las compresiones torácicas colocando el talón de una mano en el centro del pecho de cada compañero y el talón de la otra mano encima de la primera entrecruzando los dedos para no presionar las costillas teniendo cuidado de no aplicar presión ni en la parte superior del abdomen ni en el extremo inferior del esternón. También, Joaquín estiraba los brazos sin flexionar los codos procurando que los hombros quedaran encima del pecho de cada compañero, todo ello para comprimir el esternón de 3,5 a 5 cm de profundidad. Después de cada compresión, Joaquín trataba de liberar la presión del tórax sin perder el contacto entre las manos y el cuerpo, repitiendo este movimiento 30 veces a un ritmo de unos 100 golpes por minuto intentando poner el mismo énfasis tanto en las compresiones como en las descompresiones.

Después de las 30 compresiones torácicas, Joaquín pasaba a realizarles la respiración artificial volviéndoles a abrir la vía aérea y con la mano que con la que aguantaba la frente, pinzaba correctamente la nariz de cada compañero, manteniéndoles la barbilla arriba para que se abriera sus bocas e inspirándoles aire el mismo Joaquín manteniéndoles selladas con sus labios, al mismo tiempo, sus respectivas bocas. Les iba insuflando aire a un ritmo constante durante un segundo mientras comprobaba a su vez si los pechos de los compañeros se iban elevando. Después de ello y manteniendo la posición de la cabeza de cada compañero, Joaquín iba retirando la boca y despinzando la nariz de cada uno de ellos para dejar salir el aire al mismo tiempo que comprobaba que descendiera el tórax.

Posteriormente, Joaquín continuó la reanimación haciendo otra insuflación a los compañeros así como secuencias de 30 compresiones y 2 ventilaciones hasta que llegara la ayuda médica o mientras los compañeros conseguían ir recuperando la respiración espontánea.

Una vez que se encargó de los dos compañeros que habían quedado inconscientes y no respiraban y tras volver Julio con Joaquín, ambos se ocuparon de los compañeros que habían sufrido daños de diversa índole aplicando las técnicas apropiadas para cada tipo de lesión en particular.

Por una parte, Joaquín y Julio intentaron curar a los compañeros que tenían heridas leves en su piel y otros con alguna herida más grave. Después de lavarse manos y ponerse unos guantes que venían en el botiquín, empezaron a limpiar y desinfectar a los compañeros con heridas leves, tapándoselas con gasas. A los compañeros con heridas graves en la cara y el abdomen, procedieron a controlarles su estado general y signos vitales así como comprobar si sufrían de otras dolencias, cubriéndoles las heridas con gasas húmedas y llevando a cabo su inmediata evacuación. A un compañero que tenía heridas graves en el tórax, Joaquín se las tapó con material no transpirable y le mantuvo semisentado a la espera de trasladarlo urgentemente a un centro hospitalario.

Por otra parte, lamentablemente uno de sus compañeros se vio más perjudicado por la explosión y sufrió diversas quemaduras en varias partes del cuerpo tanto de segundo como de tercer grado. Después de haberlo alejado anteriormente de la zona de calor, Joaquín y Julio lo colocaron tendido boca abajo y envuelto en una manta debido a que tenía la espalda y los costados quemados. A continuación, le lavaron las zonas quemadas con agua limpia y fresca en abundancia durante 10 minutos (que Julio había traído al volver) y lo cubrieron. Todo ello a la espera de evacuarlo urgentemente a un centro médico.

Además, Joaquín y Julio tuvieron que encargarse de otro compañero que sufrió varias hemorragias externas de gravedad en brazos y piernas. Comenzaron realizando la comprensión directa presionando en las zonas de sangrado durante 10 minutos con un apósito limpio pero, al empaparse, tuvieron que ir añadiéndoles más apósitos encima al mismo tiempo que presionaban. Al mismo tiempo, elevaron las extremidades lesionadas a una altura superior a la del corazón. Pasados esos 10 minutos y sin quitar el apósito, dejaron de presionar pero la compresión directa no fue suficiente para detener las hemorragias.

Por ello, pasaron a realizar la compresión arterial a distancia presionando con la yema de los dedos, respectivamente, la humeral correspondiente a la hemorragia que tenía el compañero en la parte interna del brazo y la femoral en la hemorragia que sufría en el muslo. Sin embargo, esta técnica tampoco conseguía surgir efecto.

Lo que les obligó a tomar medidas extremas y tener que realizar un torniquete tanto en el brazo como en la pierna. Utilizando un trozo de la camiseta de Joaquín que se arrancó para ello, le dio dos vueltas y tras hacer un medio nudo, colocó un lápiz en la parte superior del brazo y un palo en la parte superior de la pierna, girándolos hasta que finalmente consiguieron cesar los sangrados. Posteriormente, lo trasladaron inmediatamente a un centro hospitalario a los que les hicieron saber la hora a la que se habían colocado los respectivos torniquetes.

Por último, Joaquín y Julio atendieron a un compañero que había sufrido una fractura abierta en el hombro con el riesgo de que se pudiera infectar. Para ello, le inmovilizaron la zona improvisando una férula con un tronco almohadillándola para evitar hacerle daño. Le inmovilizaron la articulación por encima y otra por debajo del punto de fractura para evitar que se agravara la fractura producida. Además, le sujetaron con cabestrillo el brazo contra el tórax.

Una vez que consiguieron atender a todos los compañeros, Joaquín y Julio esperaron a que finalmente llegaran las ambulancias y, junto a ellas, ayudaron a trasladar a los compañeros al hospital para que pudieran ser atendidos en óptimas y mejor condiciones.

Desde el hospital, el personal médico les felicitó a ambos por el gran trabajo que habían hecho ayudando a que sus compañeros permanecieron en las mejores condiciones posibles sin ser unos expertos de la materia y, sobre todo, que permanecieran con vida, lo cual les valió numerosas felicitaciones de diferentes personalidades e instituciones de la ciudad. Joaquín y Julio terminaron totalmente cansados tras el brutal esfuerzo físico y mental que experimentaron aquel día y sólo deseaban que sus compañeros se recuperaran felizmente lo antes posible y que, simplemente, aquel día quedara atrás como una mala pesadilla.

Unas semanas después, la mayoría de los compañeros de trabajo de Joaquín y Julio consiguieron reponerse completamente y, tras salir del hospital, les invitaron a una comida de agradecimiento en el mejor hotel de la ciudad. Lo «curioso» de aquella comida es que Julio casi se atraganta y cae inconsciente al suelo comiéndose un filete de ternera si no fuera porque Joaquín consiguió aplicarle correctamente la Maniobra de Heimlich inclinando a Julio hacia delante y dándole 5 palmadas fuertes en la espalda con una mano mientras le sujetaba el pecho con la otra, consiguiendo que expulsara el trozo de carne que le había provocado atragantarse.

Si es que lo que no haya pasado en esta historia…

Espero que os haya gustado tanto como yo escribiéndola y que os haya servido para aprender cómo aplicar las diferentes técnicas de primeros auxilios en caso de accidente en el trabajo.

Y COLORÍN, COLORADO…

LOS TRABAJADORES QUEDARON AUXILIADOS

Muchas gracias.

Un cordial saludo a tod@s,

Juan Jesús

#PrimerosAuxilios #PRL #FOL

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